Año 2016. Peligro. Existe la posibilidad que ciento veinte congresistas nuevos tomen por sorpresa, al menos para nosotros, los ilusos, las tristemente desprestigiados curules de nuestro Palacio Legislativo. Es posible que ciento veinte personas recuerden su primer día de clases en la nueva escuela donde no sabían cómo comportarse, no sabían cómo llegar al baño y, ni mucho menos, como dirigirse a la profesora o señorita o miss o teacher o ¡Cecilia!
Año 2016. Al igual que los último 20 años nos encontramos frente al riesgo latente de que el país se reinvente repentinamente sin una previa elaboración de políticas ni medidas que puedan sostener dichos cambios. El sistema político podría cambiar bruscamente generando pasivos incalculables. La gradualidad, gran amiga de la prudencia, se deja de lado, se la evita. ¿Por qué razón debemos poner en ascuas la institucionalidad que el Congreso debe tener modificando su estructura por completo cada cinco años? No lo entiendo.
Hace unos días conversaba con un conspicuo compañero de trabajo y me daba algunas ideas a manera de argumentos en las que claramente dejaba ver su posición frente a la renovación parlamentaria. Indicaba que era innecesaria una reforma de este tipo, que unas elecciones cada dos años y medio no significaba más que alimentar el ambiente circense de las elecciones parlamentarias. No solo eso, afirmaba que acercarse a votar con tanta continuidad era en exceso tedioso y que los costos en los que el Estado iba a incurrir en la preparación de las elecciones eran muy altos. Que no estamos para eso. Es curioso, pero en líneas generales esos son los argumentos que grosso modo se han venido esgrimiendo en contra de una reforma constitucional con estos alcances. Argumentos efectistas sin una visión amplia del significado de representación.
Las sociedades requieren de planificación, la democracia, de ahí su grandeza, implica que los grandes cambios se den conforme la Sociedad va evolucionando, esto es, gradualmente. El Parlamento debe andar al ritmo de la sociedad, debe contar con la opción de realizar cambios graduales y no cambios totales (descontrolados) que generen inestabilidad. Brindarle la opción al elector para que pueda modificar la estructura del sistema político cada dos años y medio es darle al ciudadano el control de su representación. Es darle poder al pueblo para decidir la configuración del Parlamento que merecemos. Esto es invalorable, es pues a lo que se debe apuntar, a facilitarle a cada ciudadano las herramientas necesarias para que sea el responsable de su propio destino.
Sin duda, en caso el Parlamento se renueve cada dos años y medio, el impacto sobre el sistema de partidos sería inmediato. Los partidos políticos por más de turno que sean se verían fuertemente obligados a presentar una propuesta de trabajo planificada, estructurada y eficiente. Asimismo, los mimos partidos tendrían que generar sistemas internos de evaluación y control de sus congresistas en tanto el trabajo que ellos efectúen se verá reflejado en los votos que obtengan y, consecuentemente, en la disminución o incremento de curules cada dos años y medio y ya no cada cinco.
La renovación por mitades del Congreso traería también grandes beneficios a la buena imagen que el Perú ha venido cultivando como país receptor de inversiones. Una empresa ansiosa de invertir sus riquezas encontrará mayor seguridad ahí donde los gobiernos encuentran cambios graduales y no cambios impactantes. Cada cinco años los inversionistas se encuentren al borde del colapso frente a la incertidumbre que se maneja por esas fechas en nuestro país. Saber que hay una mitad del congreso que se mantendrá genera estabilidad, da seguridad y esto, para los inversionistas, es lo más valioso.
Si bien esta reforma debe ir acompañada de una reforma de la Ley de Partidos Políticos y el consecuente fortalecimiento de las agrupaciones políticas, no se debe dejar de impulsar toda medida que genere mayor participación del elector en su porvenir. Argumentos superficiales no deben detener el camino a la democracia (realmente) representativa.
*Este artículo se publicó originalmente en el blog de Gobierno Coherente (http://gobierno-coherente.blogspot.com/2009/08/renovacion-parlamentaria-la-gradualidad.html) en agosto de 2009. Hasta donde recuerdo fue el primer artículo que publiqué para Coherencia.
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